Las ideas
Aunque la gran mayoría de ideas tienen un fin
empresarial/comercial, otras, no. Quien no recuerda las veces
que alguien decía “se me ha ocurrido una idea”. Poniéndonos un
poco más en serio, lo primero sería analizarla en profundidad,
es una idea o una “ocurrencia”. Claro que a veces la
diferencia entre idea y ocurrencia es tan fina como una hoja
de papel, en otras ocasiones la diferencia es abismal y con
ello el resultado final después de la fase de desarrollo.
Lo más importante de una idea es la importancia en si de la
misma. Las ideas pueden ser buenas, muy buenas, malas o muy
malas, pero una cosa está clara, las ideas valen su peso y
cuanto mejores sean más valen. Muchas veces se cae en el error
de compararlas con las inversiones pero son cosas
completamente distintas. Normalmente, en una negociación, para
el inversor, las ideas tienen menos valor que su dinero, no se
deje camelar. Está claro que el apartado económico juega en
muchos casos un papel fundamental desde el punto de vista del
propietario de la idea pero no es tan importante como la idea
en si misma. Un idea sin dinero para desarrollarla puede
quedarse en sólo una idea o puede tener un mayor plazo de
puesta en funcionamiento, en escena, sin embargo, una gran
cantidad de dinero invertida en una mala idea ya sabemos de
antemano que acabará en la basura y sólo el dinero, sin una
idea en la que invertir nos puede servir para jugar con él
realizando otro tipo de operaciones monetarias, muchas de
ellas fuera de toda ética.
Lo más importante de una idea es saber del alcance de la misma
previo a la fase de desarrollo, con experiencia en el sector
en cuestión y un gran histórico en la creación y desarrollo de
proyectos se puede obtener esta información y que sea lo más
cercana posible a la realidad, lo más precisa, sin
ilusionismos ni planteamientos plenamente emocionales. Las
emociones y las ilusiones son importantes de todo punto, pero
tener una idea desmedida de ellas es un completo error, lo
ideal es conseguir un equilibrio. Una buena idea se basa
también en un buen planteamiento y en saber de antemano si
ésta lo permite. Si no planteamos correctamente la jugada
podemos encontrarnos con muchas sorpresas, muchas de ellas
desagradables.
Una vez piense que tiene un idea que ilumina por si sola,
tenga cuidado en los ambientes donde se despliega, los
ladrones de ideas están siempre al acecho, campan a sus anchas
por los sectores y robarán todo aquello que les parezca
interesante, sin escrúpulos. Está fuera de toda lógica, según
desde el punto de donde se mire, que sean estas mismas
empresas las que a través del espionaje industrial roban las
ideas de otros pero luego son los primeros que blindan las
suyas haciendo en muchos casos del negocio de las patentes un
lugar donde la ética y la moral brillan por su ausencia,
claro, como no, como muy bien dice el dicho “cree el ladrón
que todos son de su condición”.
Las ideas son como la Piedra Filosofal, pero también como el
humo, como una moto vieja que no arranca o como el cuento de
nunca acabar, las ideas podrían tener un país propio, el país
de la imaginación. Nos guste o no, en este lugar también hay
unas ciertas reglas.
Estudiamos su idea, el calado y el impacto que tendría en el
mercado.
Le asesoramos en el proceso de elección y análisis de
inversores, si es que los necesitara.
Le asesoramos en los primeros pasos hacia la fase de
desarrollo.
Le asesoramos para que sus ideas estén siempre a buen recaudo.
Las patentes y la protección de ideas. Las licencias, la
protección que ofrecen y uso de las mismas.
La propiedad intelectual e industrial.





